Nunca antes
una frase como esta me había conmovido tanto, llevándome al borde de las lágrimas
y la emoción, es esa sensación que uno siente luego de ver una película donde
el villano es abatido y el héroe no es alguien con super poderes ni musculatura,
sino al contrario, el héroe es alguien no esperado, lánguido físicamente pero
enorme en su convicción, lo de ayer fue la representación real de “El Joker”.
Y esto me
da esperanza en la juventud, me da esperanza por mi país, por quien tantas
veces he renegado, pero hoy hemos demostrado que somos un país tan lúcido y reactivo
como Chile, no somos ese país que muchos piensan y etiquetan como “país andino
o indígena” para desmerecer nuestros orígenes y nuestra cultura como sinónimo de
atraso. Siempre pensé que este país tenía una carencia de identidad cultural, y
puede que sea cierto, porque quizás nos avergonzamos de llevar la etiqueta de “país
andino”, pero después de este 14.11.2020 nos levantaremos como un país que
puede olvidar sus rivalidades y diferencias, ayer vi como dos distritos absolutamente
diferentes, San Borja y Ate Vitarte, quienes históricamente se han marginado el
uno al otro por su color de piel y por sus recursos, ayer se abrazaron para ir
a marchar juntos, ayer, los vecinos de san Borja les llevaban agua a los
vecinos de Ate, reconocieron que la voz de estos guerreros Atenienses eran más poderosas
que las de ellos, quizás porque se forjaron en la pobreza y la desigualdad y
están acostumbrados a la vida dura.
Ayer fuimos
uno solo. Inclusive los distritos que históricamente nunca hacen nada porque
viven en su burbuja cómoda se despertaron, ayer las señoras miraflorinas
sacaron las ollas que durante la semana es casi de propiedad de las “empleadas”
y salieron a las ventanas a protestar con cucharón en mano y sus esposos no se
quedaron atrás, al ver a sus mujeres en las ventanas, se levantaron de sus sofás
y sacaron sus banderas, estos señorones quienes probablemente son funcionarios
de empresas durante la semana y que normalmente siguen las noticias por los
periódicos alejados de la realidad, ayer estos mismo señores caviares gritaban arengas
al lado de sus esposas armadas con sus ollas, ayer todos fuimos ese país del
que pocas veces me siento orgulloso, y estoy seguro que si logramos sacar del gobierno
al mediocre de Merino y al viejo lesbiano de Antero Flores-Araoz, este país
será diferente, algo cambiará en las miradas de todos los peruanos, algo
cambiará en los pechos de todos los peruanos, habrán miradas cómplices entre desconocidos
que se cruzan en las calles o se suben al mismo metropolitano, algo cambiará en
la mentalidad, porque debo reconocer que hoy algo ya cambió en mí, una suerte
de identidad nacional, una suerte de orgullo por ser peruano y por los
guerreros que significan nuestra “generación Z”.

Es lo mismo
que sucede con un partido de futbol cuando los peruanos lloramos al ver caer a
nuestra selección frente a otro, como Chile, que tantas veces nos ha derrotado
y no sólo en el futbol, sino en la economía, en su “viveza”, se han apropiado
de nuestro territorio, nuestro mar, se roban nuestros pocos logros como el “pisco”.
Pero así como lloramos ante un partido de futbol porque perdimos y en realidad secretamente,
cada peruano, en el fondo del alma, quiere sentirse orgulloso de vivir en un
país ganador, no importa que sea de un partido de futbol, queremos ser
vencedores, por eso un grito de gol no es sólo un grito de gol, es un grito de alivio
y de justicia, de saborear por primera vez la victoria, y por eso digo que,
después de este partido de futbol que los Tiktokeros se jugaron ayer y que hoy
deja un saldo de 2 muertos y 45 desaparecidos, después de este partido que
estamos a punto de ganar expulsando a la delincuencia y a los abusos de un
grupo de sinvergüenzas que ven sus intereses económicos y personales, después
de todo esto, si es que ganamos el partido, creo que sonreiremos con el alma,
porque por una vez en la historia estaremos en el lado bueno de la vida,
estaremos en el lado ganador y los demás países verán que mi Perú no es un “país
Andino” que se deja abusar, mi país es un país Andino que piensa, que es un
país andino que se defiende y se hace respetar, un país andino que tiene un
enorme legado cultural e histórico que muchos otros quisieran tener, que mi
país tiene historia, que mi país pudo ser el líder sudamericano que una vez
fue, mi país andino es un país bonito y pluricultural, que mi país no se queda
callado, que mi país fue liderado y defendido por jovencitos de 20 años, por guerreros
por quienes ahora siento respeto.
La generación
Tiktok, la generación Z, armados con sus redes sociales, con sus convocatorias en
Instagram, con sus transmisiones en vivo
por Facebook, con sus tweets, y sus influencers azuzando desde las ventanas virtuales
han hecho respetar a 33 millones de personas, nos han representado valientemente
arriesgando sus vidas y desapareciendo en medio de las protestas. Tengo que
decir que me siento representado por una generación de veinteañeros, a quienes muchas
veces he mirado por sobre el hombro debido a su inexperiencia o a sus poses que
quizás no podía comprender; sin embargo, la gente como yo que busca vivir
cómodamente alejado de las masas, de los conos, de la realidad de un 60 o 70%
del país, y alejado de las decisiones políticas, un comodón, un azuzador de
ventana, alguien que cuando hay que salir a la calle en el sol inclemente no lo
hace porque prefiere verlo desde la tv o leerlo el día siguiente en los
periódicos tomándose un café en la sombra del balcón. Hoy he visto a mi país ser
dirigido por esa generación Z, cosa que no pudimos hacer nosotros los 30 añeros
comodones, ni nuestros padres que por su edad o su salud y también su comodidad
no pueden marchar y protestar, nosotros hemos sido liderados por jóvenes de poco
más de 20 años, y más tardes los padres de estos y hermanos mayores, hemos salido
a protestar y a acompañar a nuestros líderes, a nuestros hijos.
Ahora
entiendo las palabras de Vizcarra, cuando a su salida del poder dijo, ya hice
todo lo posible por defender la patria, ahora les toca a Uds. Fue un mensaje
que los millenials no entendimos, pero que la generación Z sí.
Un joven de 22 años, estudiante de Turismoy hotelería, fallecido con 12
impactos de bala de perdigones. Un padre desconsolado, con la voz ahogada,
diciendo que su hijo murio por los 33 millones de peruanos.
Son 45 personas desaparecidas, 45 jóvenes que salieron de sus casas a levantar
su voz, y como decía el post de instagram, salieron a luchar por su país y no regresaron
porque se fueron con su país.